jueves, 24 de abril de 2008

VERSOS SUELTOS.

Sé que la herida durará
tanto como la remuevas al hurgar.
Si quieres que se cierre
dale una oportunidad y
deja emerger de la cicatriz.

A golpes de razón
se nubla la voz,
se finge pisando cristales rotos
la emoción
y mides con palmos afilados
la anatomía del dolor.

Mi única democracia es
lo que tú hagas,
tu tiranía que des mis estigmas
por perdidos.

Sé, también, que peco de perro faldero,
pero ya gasté mis siete vidas
de gato en celo.
Puse mi trono en el lumpen
de la incertidumbre
Y mi barco atracado en tus charcos
se escurre;
naufraga en la lumbre
y echa las esperanzas
a la fogata venial.

Vacío frascos de pastillas,
el veneno en esta película
resultó ser del bueno.

Me atrapan los cánticos de sirenas de la policía
La risa es un grito socarrón
que se refleja impune
en el azogue de tus ojos.




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Y éste, sólo es un pobre latido,
un enjaulado grito
que contiene las lunas de la trasgresión.
Siempre acaban cubriendo
las amontadas ganas de besos,
capas de inciertos inviernos
que esconden
colmillos, paños y ríos.
La maltratada noche que incendias,
vuela por los pórticos
desiertos de venas,
de esas que tú encadenas
a tus pies descalzos de latidos.
Vuelve la cara,
levanta telones de historias
jamás contadas,
puebla las amargas horas
de esa sinrazón que te azota,
vuelca sus alientos
sobre el puente que une
los versos de esta fábula.

Desde que comenzaste a desenroscar
cuernos de ternero,
se le pusieron a mis cirróticos versos
las rimas en amarillo,
El único delito que cometí
fue no tener tino y
columpiar hasta marear
la motivación
de los motivos.

Pero la sangre no hizo
pie en el río.
Ahora soy un fugitivo
protagonista de un
narco recorrido.

Las historias que no pasarán
a la historia
son esas que al estómago sonrojan
inquietas cosquillas que azotan y
te restriegan
tirando por la borda
los días de vino y rosas.

Ya son demasiados septiembres
entre los dientes,
demasiados fracasos en las sienes
fundidos alicientes,
desengaños intentando
cruzar ajados pasadizos
y portales.

Lapidar el pasado
es jugar con fuego,
con gasolina rociándonos las manos.

Suminístrame un pico y una pala
que duren
la eternidad de un suspiro
y después
dame tiempo para que pueda ser
alguna vez, yo misma.

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