sábado, 16 de febrero de 2008

DON ABELARDO - II

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II-

Tres semanas antes.





-Inspector. Usted se está equivocando- enfatizó Eladia Avellaneda.
-Yo maté a la señora Matilde Urtázar. Le cambié los medicamentos dos semanas antes de que se muriese. Ella era espía y vendía mis historias a una super banda de ladrones de ideas, a la que pertenecían esos de quienes quise desquitarme.
Heredó ese trabajo ingrato que le permitía vivir como una holgazana de su padre, que se lo legó como un secreto, como una llave maestra. El vaciamiento de la palabra ajena. Un robo sagrado, casi, que se encandilaba con argumentos, estilos, anecdotarios.
-Pero no, Eladia. No es así. Los parientes de la occisa dieron fe de su óptimo desempeño en la casa. Los hijos declararon su abnegación hacia la madre fallecida. El médico había anticipado meses atrás que el deceso sería antes del invierno. Sus buenos cuidados hicieron que Matilde Urtázum viviera hasta la primavera.
-Yo la maté, cuando me enteré que ella era mi entregadora. Una verraca despiadada.
-Mujer, si en el velorio todos dicen que usted era una plañidera inconsolable. Déjese de embromar y disfrute la indemnización que le dan los hijos generosamente y vaya con Dios.
-Inspector. No me conoce. Soy una persona altamente sugestionable, está bien, pero no tendré descanso hasta que tome revancha de la organización de Los Burgueses Miserables , que me tuvo atrapada durante tantísimos años en un agujero sin salida. No sé si serán masones o templarios o de una secta de algún gurú o simplemente idiotas o perversos. Pero le juro, que en cuanto pueda, los voy a liquidar uno por uno, inspector. Esos chupasangres que me vampirizaban tendrán su castigo.

Soy culpable por el crimen de la Matilde, voy a cometer crímenes y locuras irreparables. No me quite el honor de ser la asesina de la mensajera del clan. Aunque me digan: ¿qué culpa tiene el cartero?- siguió murmurando Eladia mientras el Inspector le extendía la mano y la acompañaba a la puerta de entrada de su despacho- Pero el cartero, en este caso, era una vieja taimada, que se hacía pasar por un amable amiga y me daba hospitalidad por un sueldito pobrísimo de un empleo sin papeles. Ni Obra Social ni Sindicato. Igualito que Cervantes, que nunca escribió el Quijote sino que publicó el libro de un monje preso por causas políticas condenado a muerte, como si fuera propio. El complot viene de antaño. Sé porqué lo digo. Y como fue un éxito después apareció otro, comprado por monedas al que llamaron "el apócrifo" y me acuerdo porque ese Avellaneda debió ser pariente mío, nomás. Tenemos el mismo apellido. El tercero, o sea el segundo... mejor no le digo quien se lo dictó palabra por palabra al manco que perdió el brazo en un atraco, porque no quiero blasfemar sobre la tumba de la lengua castellana. ¿Por qué no me mete presa, inspector?
-Elogia, muy interesante lo que dice, pero me está mareando. ¡Qué imaginación fértil! Dios y la Virgen. Vaya, descanse. Hágase ver por un especialista. A usted le debe estar sucediendo como al Quijote ése, que se volvió loco por leer tantos libros de caballería. Déjese de novelones dramáticos.
-¿Quién se volvió loco?
-El Quijote. ¿No es así?
-No. De ninguna manera. El que se volvió loco fue Avellaneda (mi ancestro, el monje) que escribió tres obras geniales y las tuvo que malvender para dar de comer a sus hermanos.
-Pero si el monje estaba condenado a muerte por causas politicas.
-Ah, veo que está al tanto de la verdadera historia. Sí. El encierro de mi antepasado fue porque pedía comida para los pobladores del paraje de su iglesia, los hermanos de Dios, que estaban más hambreados que nosotros los de la villa Retiro.
-Señora, de todo corazón. Visite a un médico. Por su bien. Todos los que hicimos el secundario, con un poquito de esmero y buenas notas, sabemos que Avellaneda escribió una continuación del Quijote, envidioso por el éxito de su antecesor de Lepanto.
-Y consiguió la libertad, junto con él, a cambio del primer tomo de las Aventuras del Ingenioso Hidalgo. Sin embargo, no se preocupe, un policía que sepa algo de Literatura Hispánica ya es un consuelo. Aunque como el lógico, sabe lo que le quisieron que sepa... como dice ese noticiero "todo lo que hay que saber". No dice "toda la verdad" sino que dice que la gente se entere lo que ellos eligen que uno debería saber. Vea, un inspector que domine el lenguaje es una grata sorpresa, pero uno que no dude sobre las infamias oficiales de la conspiración es un pasmosa vergüenza.
-Ay. Tengo que atender otros asuntos, Eladia. Otro día continúa. Por el momento, no hay cargos en su contra. Cuídese y no ande haciendo pavadas por ahí.
Eladia estaba a punto de emitir nuevos comentarios, pero el inspector suspirando anunció:
-Que pase el que sigue.

sábado, 9 de febrero de 2008

MIÉRCOLES DE CENIZA, CUARESMAS Y SAPOS.

jueves 7 de febrero de 2008
MIERCOLES DE CENIZA, CUARESMAS Y SAPOS.



Ayer fue miércoles de ceniza.
Dicen que la vida es un carnaval, que más vale seguir cantando.
Con lo cual debemos arribar a la conclusión de que estamos en la Cuaresma, que es tiempo de penitencia hasta el Jueves Santo y que la penitencia es algo así como la muerte.
La palabra "carnaval" es una haplología de "carne" y "levare" o sea "quitar carne" y tiene su origen etimológico en un calco griego.
Con todos estos datos podemos inferir, utilizando el método deductivo, que destierra todo simplificación de inducción que podría llevarnos a incurrir en error, que si uno no come carne durante los carnavales y fuma como un escuerzo, que además se ser un sapo, anfibio anuro, es también una persona flaca y desmadrada... se muere.
Morirse significa perderse el carnaval. Las mascaritas, los pomos de agua y las serpentinas del corso. El gran Corso, Napoleón, no hacía sapos, pero pisaba culebras.
Si nos atenemos a las polisémicas acepciones de "sapo" según el diccionario de la RAE. advertimos que para los venezolanos y costarricenses es "un soplón", ¿un soplo grande? No. Un delator. Para los cubanos, en cambio, es una persona que se mete en una pareja de enamorados y los importuna con su presencia. ¿Un delator? No. Un sapo de otro pozo. Locución coloquial argentina que significa: Pertenecer a una clase, medio social o esfera de actividad diferentes. Haremos nosotros un sapo, a la guatemalteca, es decir que nos haremos los desentendidos. Pongamos nuestros mejores ojos de sapo. Los muy hinchados, reventones y tiernos.
Para no irnos por las ramas, y continuar en los charcos, como los sapos y les tiro una que no la sabían ni locos: Sapo es una Voz prerromana, onomatopeya por el ruido que hace al caer en un charco o en tierra mojada. Creo, por tanto, fundada en razones semiológicas que avalan mi teoría, que al sapo deberíamos llamar Plaf, que es mucho mejor sonido que sapo, cuando un plaf cae al agua y hace ruido. Ruido que además de sonido inarticulado y generalmente desagradable a los oídos, significa también, Litigio, pendencia, pleito, alboroto o discordia, apariencia grande en las cosas que no tienen gran importancia, repercusión pública de algún hecho y en cuanto a su linguística -lengua de sapo- interferencia que afecta a un proceso de comunicación y muchas cosas más, pero ninguna relacionada con el Carnaval, ni con el miércoles de ceniza. Pucha, qué garcada, ¿ahora me querés decir como mierda termino este divague que pidió el profe de semiología?
Ah... ya sé. Dicen que la vida es un carnaval, que más vale seguir cantando con Celia Cruz y hablando de Cuaresma, me acordé de un poema que escribí hace algunos años y sigue vigente, que habla de sandías y Cuaresma. En otro momento lo copio, ahora me voy lavar los ceniceros, porque yo, yo,yo... yo no fumo. ¿A que se comieron el sapo esperando un comentario zapeado con control remoto o mando a distancia?
Bueno, mando correos a distancia sin control en mi pasado remoto.

viernes, 1 de febrero de 2008

EL DURAZNO O MELOCOTÓN


O LA IMPORTANCIA DE LAS ESDRÚJULAS EN EL MESTER FILOSÓFICO.








El eje paradigmático del durazno, en tanto que duraznidad (o melocotonidad para los jatiboniquenses) es parafraseando al borgeano laberíntico del aleph/alfa, un punto de inflexión de la eclosión universal del fonema en cuanto a su proyección a los yoes relevantes de su condición duraznil; y se interpola al imbricado escollo del problema mayestático que responde al premeditado discurrir heraclitano jamás resuelto por el discurso socrático, de si la humanidad comiera el último fruto del árbol, en tanto que arbolidad arbórea, y no enterrara su carozo, que según la definición del R.A.E. es el hueso duro y rugoso (aquí de rima obligatoria) que encierra una amarga almendra, ¿se acabaría el fruto futuro, dejando a la contemporaneidad post-posmodera en estado de indefensión apoplética?
Hoy en día, atrapados en una red telemática, cibernética, internáutica y plurifacética dentro de la carretera virtual, estamos apreciando el acontecer de un futuro inderogable, en su puro devenir, de no enterrar debidamente el carozo del durazno o melocotón, restringiendo el debate semiológico y metalingüístico a un acto formal y aperingotado en su bucolicismo, descaminando la senda del regocijante néctar, escatimando su importancia pertinente y extralimitando nuestras circunlocuciones con ardites barthesianos del estructuralismo simplificante y cayendo en la artimaña deconstructiva de las teselas de un mosaico que simula la propia Babel, en un presente al estilo de Derrida o ante el pesimismo fatalista y lacaniano de la bolognesa Universidad donde Umberto Eco solía impartir sus míticas clases en tiempos pretéritos.
Claramente planteada, nuestra demanda no se queda inmovilizada en el plano retórico sino que amortiza un costo existencial anticatastrófico que nos permite inferir que sin enterrar el carozo del último durazno, no habrá durazno ni tampoco melocotones, para nuestros hermanos de Centro América.
Por ello y sin caer en demagogias, universalizando el arquetipo, plantearemos categorías cósmicas fundantes de una ciencia eficaz que supere toda duda cartesiana y nos preguntaremos si para que en un futuro mediato haya batatas, los hombres deben enterrar la batata, puesto que ésta al igual que la banana, nao tem carozo, mas tem filamento groso que dificulta a mastigaçao.

Muchas gracias.